Sweet bite
Naruto
se dejó caer en el sofá con una sonrisa satisfecha y una sensación ligera en el
cuerpo.
El
fin de semana iba como la seda. Esa mañana, su lado más instintivo había
despertado más que feliz al darse cuenta de que su aroma se había mezclado con
el de Sasuke durante la noche; no era una marca de apareamiento, pero, de
momento, se contentaba con eso.
Habían
pasado la mayor parte del día cazando. Ya no le molestaba tener menos rasgos
animales que el resto, sin embargo, le gustaba rastrear, acechar y dominar a su
presa, como cualquier depredador, especialmente si estaba hambriento. En todo
caso, de vez en cuando envidiaba la capacidad de cambiar de forma, debía de ser
genial el aumento de fuerza y velocidad, la sensación de fundirse con el bosque
y rendirse a la naturaleza animal. Solo correr, rastrear, cazar.
Lo
bueno era que, cuando se sentía así, podía recurrir a Sasuke. Había estado
montando en su lomo desde que era un cachorro y, cuando supieron que no podía
cambiar, perfeccionaron técnicas de cacería como si fuera sobre un corcel;
ahora Naruto era realmente letal con armas de largo alcance sobre Sasuke y a
Kurama y Train les gustaba ponerlos a prueba por si algún día se veían
obligados a luchar juntos.
Fuera
como fuera, era una de sus actividades favoritas, se sentía poderoso a lomos
del lobo y su Alfa le permitía que controlara el rumbo y la cacería para que
aprendiera y practicara, nunca le daba pistas a menos que estuviera seguro de
que podían salir heridos, aunque a su edad, ya era muy poco frecuente. Solo al
final le daba consejos para mejorar y que aprovechara mejor la combinación de
ambos.
Hoy
habían conseguido un jabalí y un alce con su guía, a pesar de que hacía meses
que no practicaba con él. Y sin una sola herida. Estaba orgulloso y todavía un
poco excitado por la adrenalina de la caza, pese a que sus músculos advertían
cierto cansancio. Mantenerse sobre un lobo enorme y fuerte que corría toda
velocidad requería equilibrio, fuerza y un gran control de peso, por no hablar
de la concentración para seguir el rastro y dirigirlo al mismo tiempo.
Se
estiró en el sofá con una sonrisa, disfrutando de la satisfacción del premio y
de la sensación de estar limpio tras una merecida ducha. Sasuke estaba ahora en
ella tras haberse ocupado de los animales y luego prepararían la cena.
—Cuidado,
compañero, oigo tu ego creciendo desde arriba.
Naruto
levantó la vista para encontrarse con Sasuke. Aún tenía el pelo un poco húmedo.
—Oh,
vamos, es la mejor cacería que he hecho. Merezco hinchar el pecho.
Sasuke
se apoyó sobre el respaldo del sofá con una sonrisa divertida.
—Y
aquí estás, hecho polvo.
—No
puedo descansar ni cinco minutos —resopló, a lo que su Alfa respondió
tironeándole de un moflete.
—Ayúdame
a preparar la cena, anda.
Se
frotó la mejilla antes de seguirlo a la cocina.
—¿No
se supone que tu trabajo es mimarme?
—Si
no vienes conmigo, no puedo hacerlo —rio desde la estancia.
Entrecerró
los ojos, preguntándose si podría atacarlo por sorpresa. No, seguro que estaba
alerta, lo conocía muy bien y, de todas formas, pese a que no estaba exhausto,
sí lo bastante cansado como para intentar una huida efectiva.
En
efecto, cuando entró en la cocina, vio a su pareja esperándolo con los brazos
cruzados y una ceja levantada.
—Sí
que debes estar cansado —se burló.
—Y
hambriento.
Sasuke
soltó una risilla, le rodeó la cintura y lo besó en la cabeza. Su olor le llegó
a la nariz, haciendo que lo aspirara con un gruñido suave mientras se pegaba a
él.
—Me
encanta cómo hueles —dijo, frotando la cabeza en su pecho.
Su
Alfa lo abrazó devolviéndole el gruñido, más profundo, tan reconfortante que
Naruto cerró los ojos, dejándose mimar. Su olor a cedros y pinos era penetrante
y fuerte, pese a que su habitual aroma a musgo se había atenuado por el cítrico
del champú. Aun así, seguía siendo un calmante natural para él, un refugio con
el que siempre podía contar.
Sintió
a su compañero inclinarse sobre él, olfateando su cabeza entre sonidos lobunos.
Era una intimidad recurrente entre parejas, disfrutar de la esencia del otro y
compartirla, permitir que se impregnara en sus cuerpos. Tal vez, después de la
ducha, los dos sentían la necesidad de conectar, de marcarse aunque fuera solo
a través del olfato.
Naruto
se puso de puntillas para enterrar la nariz en su cuello. Suspiró, dejándose
embriagar por el aroma, disfrutando de la sensación de su mano acariciando su
espalda mientras la otra le masajeaba la nuca. El cansancio se disipaba y
volvía a sentirse ligero, casi como si flotara sobre una nube.
Acarició
su cuello con la nariz, apreciando la piel erizándose a su paso. Sasuke gruñó
un poco más fuerte y lo apretó contra sí. Le devolvió el abrazo, pasando las
manos por la espalda, flexionada en músculos tensos por la postura y que
parecían responder al roce de sus dedos. Su Alfa se inclinó un poco más, su
aliento rozando su oreja mientras enterraba la nariz en su pelo. El olor de
ambos se volvió más denso y mezclado, embotando los sentidos de Naruto, que
seguía explorando su espalda, los hombros, los brazos…
—Omega
—lo llamó Sasuke de repente con la voz enronquecida.
Abrió
los ojos, más consciente de sí mismo… y se dio cuenta de que tenía los
colmillos en su piel. No los había hundido, pero estaban ahí.
Apartó
la cabeza de golpe, más sorprendido que otra cosa. Ni siquiera se había dado
cuenta de lo que estaba haciendo, tan solo estaba pendiente de Sasuke y de lo a
gusto que estaba compartiendo esa intimidad.
Miró
de reojo a su Alfa para ver si estaba tan afectado como él, aunque, al tener
más experiencia, no creía que tuviera el corazón a mil o el vientre ardiendo, o
ciertas partes íntimas palpitando.
En
efecto, no le dio esa impresión, pero estaba lejos de tener una expresión
imperturbable. Naruto se sonrojó bajo la oscura mirada que le dedicaba su
compañero e hizo que quisiera soltar un pequeño gemido ante la forma en que
reaccionó su cuerpo a su intensidad. Era la primera vez que su Alfa lo miraba
con deseo sin tapujos, como si no existiera nada más en el mundo aparte de
devorarlo vivo de modos con los que él ya había fantaseado.
Sasuke
inspiró hondo de repente y cerró los ojos, sin embargo, no lo soltó.
—Dame
un minuto para calmarme.
Una
parte dentro de él sintió cierto orgullo. No esperaba tener ese efecto en él,
aun sabiendo que estaban destinados, pero le gustó, sin duda alguna.
No
solo eso, quería más. Su cuerpo y su instinto lo impulsaban. Era el momento,
estaba seguro.
Por
eso, tomó su rostro entre sus manos para llamar su atención. Sasuke lo miró.
—No
tienes que hacerlo. Estoy listo.
En
cuanto pronunció esas palabras, su compañero lo levantó del suelo con facilidad
y lo pegó a su cuerpo, obligándolo a envolverlo para evitar caerse, y lo sacó
de la cocina. Naruto frunció el ceño.
—¿Sasuke?
—No
vas a tener tu primera vez sobre la mesa de la cocina —gruñó Sasuke sin
detenerse.
Por
supuesto, a él ni se le había ocurrido y, probablemente, no le habría importado
demasiado, pero le hizo feliz que pensara en él. Como siempre. Así que se
abrazó con fuerza y volvió a enterrar la cara en su cuello, aspirando su olor
y, ahora de forma consciente, lamiendo la zona de su cuello donde debía
marcarlo. Lo hizo despacio, probando, saboreando y con un pequeño gemido final;
sabía que iba a querer lamerlo más a menudo.
Sasuke
gruñó más fuerte y subió las escaleras de dos en dos, haciéndole sonreír. No
podía evitar sentirse halagado, deseado y querido. Sí, se suponía que era lo
normal en los compañeros, pero eso no quería decir que no pudiera disfrutarlo.
Llegaron
a la habitación y su Alfa lo soltó con suavidad sobre la cama. Naruto se quedó
sentado, expectante y echando ya en falta su contacto. Como si le leyera la
mente, Sasuke se inclinó sobre él, apoyando los brazos a sus lados y
observándolo.
—Sabes
que puedes cambiar de opinión en cualquier momento, ¿verdad? —Su voz aún era
ronca, pero supo de inmediato que hablaba en serio.
Asintió
con firmeza. Lo sabía, y sabía que no debería sentirse mal por ello, que él
retrocedería, que le daría lo que necesitara: espacio, placer, compañía,
tiempo, lo que fuera.
Pero
ahora estaba bien, se sentía seguro y confiado. Quería tocarlo.
Sasuke
se quedó satisfecho con su respuesta y se acercó, apoyando la frente en la
suya. Su aroma se había acentuado, el cítrico que suavizaba el olor a bosque
que desprendía estaba perdiendo efecto ante su excitación. El deseo era fuerte
y denso, creado para envolver a un Omega, atraerlo. Naruto gruñó bajo y suave,
dándole un beso esquimal a su pareja, que respondió en el mismo tono.
—Cualquier
cosa que quieras hacer, hazla sin miedo. Sacia tu curiosidad, busca tu
comodidad, disfruta de este momento. Es lo único que importa.
Naruto
volvió a asentir, sin dudarlo. No es como si le estuviera dando muchas vueltas,
todas sus posibles dudas y preocupaciones, de repente, no existían. Tal vez
solo se estaba dejando llevar por fin por su instinto, así que no se detuvo a
pensarlo: lo besó. No fue un gesto frenético ni apresurado, cargado de una
necesidad acuciante, pero había intensidad y pasión, ambas cocinándose a fuego
lento, sin prisas. Porque no tenían ninguna, era algo destinado a suceder,
simple y llanamente.
Sasuke
no tardó en llevar la voz cantante y Naruto lo permitió. Le abrió la boca y
acarició sus labios con la lengua, dándole una pista de lo que quería, y él, de
nuevo, se dejó hacer. La sensación le produjo un cosquilleo en el cuerpo y que
gimiera bajito mientras lo cogía de la camiseta y tiraba de él, atrayéndolo a
la cama.
Se
tumbó con su Alfa sobre él, que tuvo cuidado de no aplastarlo, tal y como sabía
que haría. Aun así, lo estrechó entre sus brazos para que supiera que lo quería
cerca. Pasó las manos por su espalda, desde la cintura hasta los omóplatos, los
músculos ligeramente tensos como la expectación previa a una cacería.
Entonces,
Sasuke se separó de su boca despacio mientras sus dedos acariciaban su cuello.
Naruto suspiró, echando de menos sus labios, pero echó la cabeza a un lado de
todos modos, exponiendo la zona donde debía ser marcado. No se arrepintió
cuando su lengua se deslizó por su piel, en todo caso, tuvo que dejar de
acariciarlo para aferrarse a sus hombros con un jadeo. El placer lo sacudió a
la vez que el deseo de tener sus colmillos hundidos lo golpeaba con una oleada
de fuego. Fue casi doloroso, casi como si se burlara, sabiendo lo mucho que
necesitaba que lo mordiera pero sin hacerlo.
Necesitaba
más que su lengua jugando con él, algo que lo aliviara y empujara a su Alfa a
la vez. Buscó a tientas el borde de su camiseta y tiró hacia arriba, gruñendo
satisfecho cuando Sasuke le ayudó a quitársela. Al instante, sus dedos hicieron
contacto con la piel de sus costados, tan caliente como él se sentía.
Puede
que su compañero no fuera tan inmune como pensaba. Tal vez solo tenía que
tentarlo un poco.
Con
esa idea en mente, lo mantuvo a distancia para tener espacio suficiente y
quitarse la camiseta. La idea de desnudarse ante él siempre le había dado
vergüenza (sobre todo teniendo en cuenta que no cambiaba de forma y, por tanto,
no se desnudaba frente a la manada), pero, en ese momento, no podía importarle
menos. Todo cuanto necesitaba era sentirlo, estar piel con piel… Más,
necesitaba más.
Escuchó
a Sasuke gruñir con fuerza un segundo antes de tener sus manos sobre su
vientre, extendidas, con los dedos estirados, como si quisiera abarcar todo lo
posible. Naruto le devolvió el sonido con más suavidad, halagado y feliz; su
musculatura era diferente del resto de Omegas y, a pesar de tener una cintura
ligeramente estrecha y unas caderas redondeadas, típicas de los suyos, su
abdomen y pecho era más marcado, casi como los de un macho Beta, aunque sin
tanto volumen. Y, una vez más, se debía al hecho de que no podía cambiar de
forma y a pasar más tiempo entrenando en piel que el resto de Omegas, que
podían permitirse ser más esbeltos gracias a que, al transformarse en lobos,
sus músculos también cambiaban.
—¿Te
gusta? —tuvo que preguntarlo, aun sospechando la respuesta.
Sasuke
sonrió mientras se inclinaba sobre él.
—¿No
te he dicho que he pensado mucho en ti durante este celo?
—Al
final, no me has dado los detalles —se quejó.
Su
Alfa enseñó los colmillos cuando ensanchó su sonrisa.
—Puedo
enseñártelos ahora, si quieres.
Naruto
asintió con un pequeño gemido que se convirtió en un jadeo cuando Sasuke se
inclinó y dejó un rastro de besos en el pecho. Sus manos seguían sobre su
vientre, delineando los abdominales marcados como si admirara una obra de arte,
casi rozando el orgullo de alguien consciente de que tenía un compañero fuerte.
Le
gustó. Él también disfrutaba de la sinfonía de poder que exudaba su Alfa, no
solo ahora, cuando su roce hacía que tensara la espalda y los brazos, sino
cuando se paseaba relajado o convertido en un magnífico lobo negro. Tenía ese
halo de fuerza contenida, de ser un depredador en todo el sentido de la
palabra. Kurogane daba miedo solo con verlo pasar, Sasuke, en cambio, inspiraba
un respeto nato que, sospechaba, había heredado de su padre.
Y,
pese a ello, pese a tener toda esa fuerza dentro, podía ser tan suave, tan
delicado. Como cuando presionó los labios contra su pezón izquierdo, una breve
advertencia antes de darle un largo lametón. Pero fue suficiente para sacudir a
Naruto, para hacerle sentir como si le hubiera metido un dedo hasta el fondo;
el cosquilleo rayaba en el dolor, pero quería que lo hiciera otra vez.
Sasuke
lo hizo, lo lamió, lo chupó y acabó mordisqueándolo mientras Naruto gimoteaba y
removía las piernas. Para cuando terminó con el otro pezón, su entrada parecía
tener pulso propio y le molestaba la ropa interior, los pantalones y todo
aquello que no fuera la piel desnuda de su lobo.
—Más
—gimió—. Necesito más.
Este
alzó los ojos oscuros para mirarlo.
—¿Puedo
ir más abajo?
—Sí
—casi lo siseó, impaciente o expectante, tal vez las dos cosas, no estaba
seguro realmente. Tampoco es como si importara demasiado, lo único que tenía
que hacer Sasuke era seguir.
Sus
labios descendieron besando su vientre con una calma que a Naruto le habría
hecho gruñir si no fuera porque sus manos ya estaban ocupadas desabrochando sus
pantalones. Cuando se los quitó, el alivio fue momentáneo, su miembro estaba
duro, necesitado de atención, mientras que su entrada reaccionaba de forma
instintiva a cada beso y caricia que le dedicaba su pareja; su boca ya había
alcanzado el bajo vientre y sus manos vagaban por sus muslos.
Eso
era caliente, lo excitaba. Aunque no tanto como lo lamió.
Lo
pilló por sorpresa y se le escapó un pequeño grito, levantando las caderas.
Sasuke usó un brazo para mantenerlas contra el colchón antes de deslizar la
lengua por la punta en círculos. Naruto emitió otro sonido, algo que estaba
entre un gemido y un jadeo, y trató de arquearse, pero su Alfa lo estaba
retenía. Clavó los dedos en las sábanas y las arañó, la parte más animal de su
ser estaba encantada con ese dominio, la humana, en cambio, estaba nublada por
el placer, tan solo se entregaba y se movía sin sentido, dejándose hacer y
pidiendo más.
Por
fin, la boca de Sasuke lo cubrió y se deslizó arriba y abajo con un gruñido. No
necesitó nada más para que Naruto estallara con un grito, presa de las
vibraciones.
Su
compañero se separó, observándolo con los ojos como brasas. No pudo evitar un
pequeño temblor cuando vio que se lamía los labios.
—Así
es como te imaginaba en mi celo —dijo acariciando su muslo con una mano. La
otra seguía manteniéndolo inmóvil—. Sonrojado por el orgasmo y oliendo como si
quisieras que te comiera una y otra vez.
—Quiero
que lo hagas otra vez.
Un
gruñido resonó en su pecho.
—¿Lamerte?
—Me
gusta mucho —asintió, tal vez más efusivo de lo que habría pretendido si
estuviera medio consciente. Pero no lo estaba, su cabeza era puro instinto. Tan
solo quería seguir.
Sasuke
gruñó otra vez, la mano de su muslo descendió.
—¿Y
si probamos otra cosa?
Su
dedo rodeó su entrada y la presionó con suavidad. Aun así, hizo que Naruto
tratara de retorcerse de placer, en vano, ya que el lobo aún lo mantenía quieto
con la otra mano.
Tampoco
le dio la oportunidad de responder, sino que trazó varios círculos, extendiendo
su humedad, empujando de vez en cuando, tentándolo. El Omega no hizo gran cosa
por resistirse, ya se había abrasado con el fuego, ahora solo tenía que arder
con él. Entre gemidos casi desesperados, dejó que su Alfa lo preparara, jugando
al principio, penetrándolo después despacio, con cuidado, como si eso fuese a
evitar que lo arrasara por dentro.
Eso
sí, no hubo dolor, ni siquiera cuando llegó al fondo y aumentó el ritmo de las
embestidas. Se corrió con tal fuerza que la garganta le ardió al aullar, las
encías doloridas por los colmillos.
—Muérdeme
—rogó.
—Tengo
que prepararte un poco más.
—Por
favor.
Por
un instante, Sasuke vaciló. Fue todo lo que Naruto necesitaba.
—Es
el momento. Lo necesito.
Su
compañero entrecerró los ojos, contemplándolo. Él gimió un poco a la vez que estiraba
los brazos, buscando el contacto con su cuerpo. Al final, Sasuke gruñó con
suavidad y se estiró sobre él, dejándose abrazar y besando la zona de su cuello
donde debía marcarlo.
Naruto
cerró los ojos, agradecido por estar piel con piel. Su calor era reconfortante
y aliviaba un poco su necesidad, volviéndolo ligeramente racional. No es como
si eso cambiara nada, sabía que estaba preparado para sellar su vínculo,
llevaba tiempo deseando hacerlo de forma consciente y todo había surgido de
forma natural, tal y como dijo Sasuke y toda la gente con la que había hablado.
Era
la hora, no tenía ninguna duda.
Las
encías seguían doliéndole, así que mordisqueó el hombro de su Alfa, animándolo
y advirtiéndole que empezaba a estar ansioso. Le encantaba que lo tocara, que
lo besara y que le diera placer de todas las formas con las que había
fantaseado, pero todavía no era suyo por completo. Sasuke gruñó en respuesta y
se separó solo lo suficiente para poder quitarse los pantalones con una mano.
Tenía la boca ligeramente abierta por la respiración agitada y vio de nuevo sus
colmillos.
Él
también estaba preparado, tal vez mucho antes que él. Solo se contenía porque
quería cuidarlo, como siempre, pero, después de que se unieran, ya no tendría
que hacerlo.
Sasuke
regresó a sus brazos en cuanto terminó de desnudarse y se posicionó entre sus
piernas. La excitación lo asaltó de nuevo cuando sintió su miembro presionando
su entrada. Gimió, apretando a su lobo contra sí y mordiéndolo un poco más en
el cuello.
Este
respondió con un fuerte gruñido y empujó. Pese a que fue suave, Naruto le clavó
las uñas en la espalda y se arqueó, maravillado por la sensación de sentirlo en
su interior, llenándolo.
—Mi
Alfa… —susurró, escondiendo la cara en el hueco de su cuello.
Sasuke
respondió abrazándolo y embistiendo un poco más, dedicándole un pequeño
mordisco. Se le escapó un grito.
—Todo
tuyo, mi Omega.
Se
retiró y volvió a penetrarlo, siempre despacio y cada vez un poco más profundo.
Naruto no supo hacer otra cosa que no fuera aferrarse a él como si sirviera
para controlar los estallidos de calor que se producían en su cuerpo. No se dio
cuenta de si lo arañó o si le tiró del pelo con más fuerza de la necesaria;
fuera como fuera, Sasuke, gracias a la Gran Madre, no se detuvo. Gruñía y
jadeaba en su oído, ahora lamiendo, ahora mordiendo, apretándole el muslo o
jugando con su pezón. Hubo dolor en algún momento, pero era tan insignificante
comparado con el placer que no le importó lo más mínimo, solo siguió llamando a
su compañero, suplicando que lo marcara; no sirvió de mucho, Sasuke no aceleró el
ritmo ni fue más duro, aunque tampoco lo deseó menos por ello, en todo caso,
quiso más.
Entonces,
lo alcanzó, llegó a lo más profundo de su ser y explotó. No gritó, ni siquiera
se dio cuenta de lo que había hecho hasta que notó la sangre en su boca.
Sus
colmillos ya estaban reclamando a su Alfa. Este aulló, tensando todo el cuerpo e
inmovilizándolo contra el colchón con su peso; no detuvo sus embestidas, lentas
pero constantes, y, ahora, tan profundo como le era posible. No permitió que
Naruto se recuperara del orgasmo, lo provocó con más firmeza, esta vez
mordiéndolo, haciéndolo suyo.
El
siguiente orgasmo lo arrasó todo, su entorno, su cuerpo, su conciencia. No
existió nada más que ellos dos, unidos como tendrían que haber estado desde el
día que nacieron. Después de la onda de fuego, quedaron unas brasas cálidas que
ya no se extinguirían jamás, para ninguno de los dos.
—No
estoy satisfecho con cómo nos hemos apareado.
Sasuke
levantó una ceja. No esperaba escuchar ese comentario tres horas después de
haberse unido.
—Sé
que querías quedarte en la cama, pero tu estómago no aguantaba más, lo has oído
tan alto como yo.
Su
Omega hinchó los mofletes, haciendo que sonriera. Era tan lindo cuando lo
molestaba, aunque eso no era suficiente como para que se alejara de su abrazo.
Estaban
tumbados en el sofá después de una buena cena; Sasuke había pensado que, ya que
eran oficialmente compañeros, tenían que celebrarlo por todo lo alto. Naruto
podría no haber estado de acuerdo en que abandonaran la calidez de sus cuerpos
desnudos, pero, aun así, había devorado todo lo que había preparado.
—No
me refiero a eso —se quejó su compañero—, es esto lo que me molesta.
Giró
la cabeza cuando Naruto le apartó el cuello de la camiseta. Tuvo que tocarse
con los dedos para notar que le había hecho un buen moratón.
—Naruto,
si todos los lobos con los que peleo me mordieran así, mi vida como ejecutor
sería muy dulce —sonrió—. Además, ni siquiera me has desgarrado la piel, solo
ha sido un mordisco más profundo. Nada más. No es diferente a cuando entrenamos
un poco más duro de lo normal.
Su
Omega hizo una mueca.
—Aun
así, no me gusta. No es un entrenamiento, sino un apareamiento. Me sabe mal
haberte hecho daño.
—¿Acaso
tú no estás dolorido?
Su
sonrisa se ensanchó al ver que se sonrojaba. Era otro buen motivo para no
haberse quedado en la cama con Naruto, debería descansar antes de volver a
hacerlo, después de todo, había sido su primera vez.
—¿Lo
ves? Estamos a mano —dijo antes de inclinarse para besarlo.
Su
compañero le correspondió, acariciando su rostro. Sasuke gruñó con suavidad,
feliz de no tener que contenerse más. No es como si lo hubiera hecho a
disgusto, ni mucho menos, pero debía admitir que poder ser íntimo y cariñoso
con su pareja era un alivio para sus instintos. Ya no lo preocuparía si su
tacto le haría sentir incómodo o presionado, si estaba siendo demasiado
descarado o se estaba apresurando. Naruto estaba preparado para comenzar su
período como compañeros, solo había estado un poco nervioso por ser su primera
vez.
Esperaba
que, después de lo de esa tarde, no tuviera más vergüenza. Puede que su
apareamiento hubiera sido demasiado rápido para probar algunas cosas, pero
estaría encantado de satisfacer su curiosidad.
Cuando
se separaron, le acarició una mejilla mientras que Naruto le daba un beso
esquimal. Lo escuchó suspirar.
—No
quiero irme mañana.
—No
te vayas. Acabamos de aparearnos, es normal que no queramos separarnos. Es un
buen momento para pasar tiempo juntos y fortalecer nuestro vínculo —dijo besándole
el mentón—. Yo pediré el permiso de compañeros, tendría una semana libre para
estar contigo.
—¿Y
mis padres?
—Sabían
que esto pasaría, dudo que les sorprenda que les pidas quedarte un poco más —respondió
con una sonrisa—. De hecho, puede que esperen que te mudes aquí.
Su
Omega frunció el ceño.
—¿Debería
hacerlo?
—Es
decisión tuya. Yo estaría encantado —admitió sin dejar de acariciarlo—, pero depende
de cómo te sientes al respecto.
Naruto
se quedó pensativo un rato, pasando la mano por su pecho mientras dejaba que él
jugueteara con los mechones de su pelo y frotara su nariz contra su cuello,
admirando la marca que había dejado y disfrutando del aroma mezclado de ambos.
Al
final, su compañero dijo:
—Quiero
pasar más tiempo contigo. Sé que voy a echarte de menos después de esto, que
querré… necesitaré sentirte. —Una arruga apareció en su frente—. Pero tampoco
quiero irme de casa de mis padres así sin más. Me siento como si los estuviera
abandonando.
Sasuke
lo miró con ojo crítico.
—Sabes
que no es así. No es como si estuvieras eligiendo entre ellos o yo.
—Lo
sé, pero no se trata de eso. Sé que a mi madre no le importaría, es lo natural
para ella. Pero mi padre… —Hizo una pausa y sacudió la cabeza—. Sé que habrá
hablado de esto con mi madre y que es consciente de que yo podría quedarme
aquí. Pero, incluso si lo sabe, no quiero que sienta que me he ido demasiado rápido.
Él
ladeó la cabeza, haciéndose una idea.
—Quieres
que asimile que te marchas de casa poco a poco.
—Sí
—Naruto sonó aliviado—. En el mundo humano, estas cosas van más despacio. Creo
que le sería más sencillo si me marcho poco a poco.
Sasuke
apoyó la cabeza en el respaldo del sofá.
—Me
parece bien. Puedes quedarte una semana aquí y otra con ellos, y después ir
alargando el tiempo que pases conmigo. Podrías ir trayendo cosas aquí poco a
poco… y yo podría arreglar cosas de la casa mientras tanto para cuando te mudes
definitivamente —comentó echando un vistazo a su alrededor, pensando en las
cosas que podría necesitar su compañero para sentirse cómodo allí.
Sus
pensamientos se interrumpieron cuando el rostro de su Omega se iluminó.
—¡Eso
me gustaría mucho! Voy a llamarlos para que lo sepan… ¡tienen que saber que ya
somos compañeros! Mierda, debería llamar a todo el mundo y… ¡Ay!
—Cuidado,
te recuerdo que estás dolorido. —Lo envolvió con sus brazos de manera que
enterrara la cabeza en su pecho y le frotó la espalda—. Puedes hacerlo mañana a
primera hora. Ahora debes descansar o acabarás pasando mala noche por el dolor.
Naruto
emitió un gruñido similar a un ronroneo y se acurrucó. Pasó uno de sus brazos
por su cintura, devolviéndole el abrazo.
—Gracias
por cuidarme. Siempre.
—Un
placer —dijo con ternura.
—Yo
también te cuidaré, Sasuke. Aprenderé a hacerlo a mi manera y seré tan buen
compañero como lo eres tú. Te lo prometo.
Una
nube de calor se expandió por su pecho, y no fue solamente por el beso que dejó
su Omega en su pecho.
Aún
era joven y por eso supuso que sentía que no había aportado lo suficiente a la
relación; que él había salvado su vida y la de su familia, lo había cuidado
desde cachorro y había tenido que ser paciente y esperar a que creciera para
poder estar juntos.
Pero
no funcionaba así, nunca lo había visto de esa forma. Entendía que su relación
no fuera de igual a igual todavía, Naruto aún tenía mucho que experimentar,
terminar sus estudios y escoger lo que quería hacer en la vida, trabajar, ser
independiente… Cuando fuera más mayor, tal vez comprendiera que el valor de lo
que le había dado iba más allá de todo aquello.
Naruto
lo había conocido siendo Sasuke, no el ejecutor principal ni un miembro de la
familia Uchiha. Nunca le había prestado atención a su posición ni se había
acercado a él por el privilegio, era demasiado pequeño para entender esas
cosas.
El
hecho de que fuera un cachorro había impedido que tuvieran una relación romántica
desde el principio, pero, a cambio, le había dado algo muy puro. Había tenido
que aprender a ser más paciente y considerado, habían podido conocerse muy bien
a lo largo de muchos años. De hecho, atesoraba haber sido testigo de cómo se recuperaba
de la tragedia de su manada, de su fortaleza al hacerlo, de cómo se convertía
en un Omega valiente y decidido. Podría tener dudas todavía acerca de otras
cosas, sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, ganaría la confianza
suficiente para hacer frente a lo que fuera con una seguridad que le haría
brillar.
Ya
lo hacía. Aún no se daba cuenta, pero era un rasgo que había visto en él desde
niño, uno maravilloso, junto a su corazón amable.
Naruto
no tenía ni idea de cómo todo aquello era ya algo valioso para él. La vida de
ejecutor era dura y violenta, no siempre le había contado todos los casos a los
que tenía que hacer frente. Su manada era poderosa, pero en las fronteras podía
haber conflictos y otras manadas les pedían ayuda a menudo. No siempre llegaban
a tiempo para salvar a cachorros como sí hizo con Naruto y su familia. Y,
cuando sucedía, era muy duro.
Tener
a su Omega cerca había sido su bálsamo, alguien que siempre se alegraba de
verlo cuando volvía y que podía hacer que lo olvidara todo con su alegría y cariño.
Siempre conseguía aliviar su pena y su frustración y le daba fuerzas para
seguir con su trabajo, le recordaba lo que estaba protegiendo y que aún podía
salvar a otros.
Naruto
lo suavizaba, encontraba el mejor lado de sí mismo. Lo hacía mejor, a pesar de
sus defectos, de no ser el lobo más sociable y amistoso del mundo.
Eso
no tenía precio.
—Ya
eres el mejor compañero del mundo —dijo sin tapujos.
Algún
día, lo entendería. Todavía tenían muchas cosas que vivir, muchas fases por las
que pasar… y estaba deseando experimentar todas y cada una de ellas a su lado.
FIN

Aaaa que lindo 😚 me encantó
ResponderEliminarMe alegro mucho de te haya gustado ^^
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