Capítulo 7. Aislamiento

 


Tyler se sentía un poco tímido mientras se dirigía a la habitación de 396 cogido de la mano de Trust. Pese a ello, y a las miradas curiosas de más de uno, le gustaba la sensación. La palma del canino tenía las asperezas habituales de su especie y era grande y más cálida que la suya. Le transmitía una sensación de intimidad que hacía mucho que no sentía.

Al mirarlo, la sonrisa de Trust le llegaba a los ojos. Anoche estuvieron hablando de relaciones y tenía muchas preguntas sobre qué debía hacer o cómo eran entre humanos. Tyler tuvo que admitir que no había tenido una gran experiencia en ello; lo más serio que había tenido nunca había sido durante la universidad y sus caminos los llevaron a lugares diferentes. Luego, conseguir un trabajo en el FBI le costó mucho esfuerzo y horas y horas de estudio y prácticas que se apoderaron de su vida personal, por lo que lo más romántico que había tenido había sido un revolcón casual las pocas veces que tuvo suficientes días libres como para salir con sus compañeros, y las cosas no cambiaron cuando por fin consiguió el trabajo.

En aquel entonces, pensó que, una vez se estabilizara, podría tener por fin una relación seria, pero su padre murió y su investigación lo eclipsó todo. Se dedicó a prepararse para vengarlo y, en Mercile… Bueno, aquello fue otra historia. La mayoría de los empleados tenían los móviles personales pinchados y siempre revisaban su localización para que no se acercaran a una comisaría o hicieran cualquier movimiento que pudiera implicar que estaban buscando ayuda. Personas como Norm y Brower llegaron incluso a tener cámaras en sus casas para tenerlos vigilados porque no se fiaban lo bastante de ellos. Adam se lo advirtió: su método más fiable era hablar en persona o mediante el papel.

Así que no, en Mercile ni se le pasó por la cabeza tener vida más allá de dedicar todos sus esfuerzos a liberar a los therians. Cuando Trust se enteró de esa parte, lo sentó en su regazo y le prometió que lo compensaría por ese tiempo mientras lo abrazaba y frotaba su mejilla en su pelo. Tyler le dijo que no era necesario, pero tampoco puso pegas a sus mimos. Entonces, el canino le pidió que le explicara cómo podía hacer eso y, entre una cosa y otra, surgió lo de ir cogidos de la mano.

—¿Qué te parece la experiencia? —le preguntó, sabiendo que se estaban acercando a la habitación.

Trust se giró hacia él y le sonrió con calidez.

—Me gusta esta costumbre. Te tengo cerca y puedo tocarte.

—Te gusta el contacto físico.

—Mucho —asintió—. No soy el único. Lo hablé una vez con Night y me dijo que lo había observado en nuestra gente. Pensaba que era por haber estado tanto tiempo separados los unos de los otros.

Tyler recordó el aislamiento. Cuando él entró, no era una prueba habitual, más bien se utilizaba como castigo y solo unos pocos sujetos eran sometidos a períodos muy prolongados de tiempo. Recordaba que Adam les había contado que todos los therians lo pasaron de jóvenes, en la fase entre la juventud y la edad adulta, para ver cómo se desarrollaban y si obedecerían sus órdenes, pero no tuvieron buenos resultados. Los caninos enloquecían si no regresaban con su grupo, los felinos lo soportaban, pero se volvían más irritables y agresivos y era más difícil controlarlos. Tenía entendido que los úrsidos demostraron ser los mejores en ese aspecto, sin embargo, también volvieron a dejarlos en jaulas con los suyos.

Curioso, teniendo en cuenta que eran especialmente complicados de manejar. Siempre se había necesitado mucho personal armado para que no causaran problemas y, aun así, Richard le había confesado que rara vez alguien se relajaba en presencia de uno de ellos, incluso dormido. Más de uno se había llevado un buen susto.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando Trust volvió a hablar:

—Pero Jessie dijo que los humanos sois un poco recelosos con esas cosas, que no dejáis que cualquiera os toque, que es para las parejas, la familia y los amigos, y que depende de los gestos —dicho esto, levantó sus manos enlazadas—. Este es para los compañeros.

Tyler sintió que le ardían un poco las mejillas, pero asintió.

—Sí.

La felicidad brilló en los increíbles ojos dorados de Trust y le dio un apretón cariñoso en la mano.

—Me alegro mucho por ti.

La voz de 305 lo sobresaltó un poco. Los esperaba apoyado en la puerta de la habitación de 396. Sonreía y tenía los ojos clavados en sus manos unidas.

—Estaba un poco preocupado por lo de ayer, pero ya veo que estáis muy bien —dijo con una risilla.

—Tyler me dejará demostrarle que puedo ser un buen compañero.

Tanto 305 como Tyler fruncieron el ceño.

—Creía que lo habías reclamado —dijo el úrsido—. Por cómo permite que lo agarres, cualquiera se atrevería a intentar separaros.

—Trust debería estar seguro de que quiere estar conmigo antes de hacerlo —dicho esto, Tyler le lanzó una mirada de pocos amigos al canino—. Y claro que serás un buen compañero. La cuestión es si yo soy adecuado para ti.

305 sacudió la cabeza y miró confundido a Trust, que sonreía demasiado para el gusto de Tyler.

—¿Tú entiendes qué dice?

—Se ve que es una cosa humana, al compañero de Night también le pasó. Piensan que no sabemos a quién queremos por haber estado encerrados. Creen que deberíamos tener más tiempo para conocer a nuestra gente y ver si queremos tener un vínculo con ellos.

Al escuchar eso, el úrsido echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.

—Qué extraños son estos humanos.

—Es una duda válida —se defendió Tyler, pero 305 movió la cabeza a un lado y a otro.

—Ah, qué divertido. Ya sois compañeros, pero no se ha dado cuenta. Buen trabajo, Trust.

Tyler puso los ojos en blanco y se soltó del canino para adentrarse en la habitación.

—No se puede discutir con vosotros. Voy a ver cómo está 396.

Escuchó cómo el úrsido reía tras él y le pareció que a Trust se le escapaba una risilla, pero no pudo estar seguro. Aun así, no podía molestarse; seguía pensando que su punto de vista era razonable, pero era el primero que quería estar en la vida de Trust. Ahora era libre y podía decidir por sí mismo, e iba a aprovechar esa oportunidad. Él también podía demostrar que sería un buen compañero, pese a su escasa experiencia en ello.

Sin embargo, sus padres fueron un maravilloso ejemplo. Siempre representaron su versión ideal de una pareja: su padre, tierno y cariñoso, aunque firme e incansable a la hora de luchar contra el crimen, y su madre, fuerte, orgullosa y ocurrente, dominaba montañas sin necesidad de alas. Los recordaba lanzándose bromas y pinchándose el uno al otro, jugando y riendo. Lástima que acabara tan rápido.

Desterró con rapidez su recuerdo para centrarse. Ya tendría tiempo de cerrar esa herida, ahora, lo importante era 396. Se reunió con Baird y le preguntó cómo había reaccionado el úrsido a la dosis anterior, más baja. Todo bien, su ritmo de curación seguía siendo rápido y sin efectos secundarios.

Tyler aún recordaba con un estremecimiento los días en que los therians amanecían con los ojos inyectados en sangre, las venas ennegrecidas y perdidos en la locura, o vomitando y orinando rojo y negro, con extrañas manchas en las extremidades y retorciéndose por un dolor que empezaba en el pecho y se extendía al resto del cuerpo. Con el tiempo, pudo reducir esos efectos, pero todavía sentía una especie de temor residual, especialmente con personas como 396, con rasgos animales más marcados.

Así que se sintió aliviado al saber que rebajar la dosis no le estaba causando efectos negativos, al menos, por ahora. Hoy le daría solo la mitad de la dosis y tendrían que esperar a mañana para conocer su reacción.

Mientras él trabajaba, 305 y Trust hablaban del ataque de ayer.

—No me puedo creer que hayan participado en esto —decía el úrsido mientras movía la cabeza de un lado a otro con tristeza—. Atacar a nuestra propia gente, después de todo lo que hemos pasado…

—Siguen empeñados en que los humanos te engañan.

305 resopló y caminó a lo largo de la habitación con la nariz arrugada y los labios apretados.

—Piensan que estoy ciego o soy estúpido, no sé cuál de las dos. No importa cuántas veces hable con ellos, se niegan a creerme. ¡Yo lo vi! —gruñó tan fuerte que sobresaltó a Baird. Al darse cuenta, ocultó los colmillos y le lanzó una mirada culpable—. Lo siento, Baird, no quería asustarte.

El afable médico le sonrió.

—Solo ha sido un sobresalto, no te preocupes. Entiendo que sea frustrante.

El úrsido se pasó una mano por el pelo.

—Me molesta que den por perdido a 396. No importa lo que digan, él es el más fuerte de todos nosotros. Nunca ha estado roto, nunca.

Trust alzó la cabeza con interés al escuchar eso. Tyler solo le echó un vistazo rápido de reojo, pues estaba preparando la dosis.

—¿Creen que las pruebas rompieron su mente? —preguntó el canino.

305 frunció el ceño un momento, pero no tardó en alisar su frente.

—Ah, claro, no lo sabréis. Supongo que los míos solo lo han compartido con 377 —dicho esto, se sentó junto a Trust en la cama contigua—. Los machos de mi raza fuimos los primeros a los que pusieron en aislamiento. Éramos más jóvenes que vosotros, todavía no hacíamos pruebas de cría. De hecho, no hacíamos pruebas en absoluto. Solo estábamos encerrados en esas jaulas, sin tener contacto con nadie. Fue… —suspiró, cerrando los ojos con fuerza y sacudiendo la cabeza— bastante duro. Entonces, aparecían los técnicos como si fueran amigos nuestros. Una comida mejor, una jaula mejor, alguien con quien hablar, a quien tocar. Los engañaron.

—Pero a ti, no —comentó Trust.

—No. Yo no había olvidado el rostro del humano que me alejó de 396 —escupió, apretando los puños—, pero les seguí el juego para averiguar dónde estaba. Al principio, intentaron que aceptara que me tocara una hembra humana.

—¿Qué? —soltó Tyler. Ya había terminado de ponerle la dosis al úrsido pálido y escuchaba con atención a 305—. ¿Por qué?

Este frunció el ceño.

—No lo entiendo, pero querían nuestra semilla. No sé por qué.

Baird miró al otro hombre, que entrecerró los ojos.

—¿Crees que era inseminación artificial?

—¿Qué es eso? —preguntó Trust.

Tyler cruzó los brazos con cara de pocos amigos.

—Es otra forma de crear un embarazo. Cogen vuestro semen y lo inyectan directamente en el óvulo de vuestras mujeres —dicho esto, sus ojos se cruzaron con los rostros sorprendidos de ambos therians—, pero no funciona. Vuestro semen no se conserva bien, por eso empezaron las pruebas de cría.

El rostro de 305 se oscureció.

—Lo recuerdo. Creo que fui el primer úrsido que nuestras hembras conocieron. Como no permití que me tocara una humana, probaron con mi propia especie. No había muchas úrsidas, así que conocí también a felinas y caninas. Ellas me hablaron de los demás. —De repente, se estremeció y sacudió la cabeza, como si intentara alejar algún pensamiento—. También me contaron que mi especie era muy temida por otros. Yo no lo sabía porque los médicos tampoco se fiaban de mí después de que me negara a tocar a las humanas, pero los otros úrsidos ya estaban haciendo pruebas de resistencia. Obedecían a los médicos.

—¿Qué? —masculló Tyler—. ¿Cómo ocurrió? No sabía nada de esto.

—Pasaron demasiado tiempo solos —dijo 305 con un deje triste—. Algunos crearon lazos fuertes con algunas humanas y hacían lo que les pedían.

Trust soltó un fuerte gruñido. Fue un truco muy habitual en la instalación hasta que se cansaron de caer en la misma trampa una y otra vez. Aquellos médicos a los que consideraron padres los metieron en jaulas sin dudar en cuanto crecieron y Fury, su pobre amigo, tuvo la mala suerte de enamorarse de una técnico llamada Maria que lo traicionó llevándolo con doce hombres armados que lo golpearon hasta casi matarlo. Fue su primera prueba de resistencia y Fury nunca lo olvidó. Por eso estaba más receloso con los humanos, a pesar de que se sentía atraído por Ellie.

—No fueron muy amables con las hembras —admitió 305 con el ceño arrugado—, los humanos las entregaron como regalos por su buen trabajo. Tampoco les dieron la oportunidad de explicarse, las amordazaban. Con los otros machos eran mucho peores, llegaron a pensar que eran el enemigo.

—¿Qué pasó contigo? —preguntó Trust—. Tú no hacías lo que te decían los humanos.

El úrsido se encogió de hombros.

—Me enfrentaron con los otros úrsidos, para darme una lección, dijeron. Pero yo no luché, hablé con ellos. No dejé de hacerlo hasta que escucharon. Los convencí de que hablaran con las hembras y que los felinos y caninos eran como nosotros. Unos pocos me hicieron caso y así es como se volvieron contra los humanos.

—Por eso están tan enfadados —suspiró Tyler, pasándose una mano por el pelo—. Creen que esto es otro engaño y que esta vez tú has caído.

305 arrugó la frente.

—Esto es completamente diferente. Las jaulas que nos dieron podían ser mejores, pero no dejaban de ser jaulas y nosotros seguíamos encadenados. Nunca confiaron lo bastante en la obediencia de los úrsidos como para dejarlos sueltos. Pero Vane nos soltó sin pedirnos que hiciéramos nada por él, y sigue sin pedirnos que hagamos nada —dicho esto, apretó la mandíbula y miró a su amigo—. Vi la habitación que me ofrecieron y la ropa y todo el material para las clases. Incluso traéis a Missy aquí para enseñarme a leer sin tener que dejar solo a 396. Veo todos los días sus heridas y cómo se recupera, Baird hasta me enseñó cómo ayudar a vendarlo. Llevamos ya un tiempo aquí y no veo de ninguna manera cómo puede ser esto un engaño. —Señaló el lago que se veía por la ventana—. Mira eso, no hay barrotes ni cadenas que me impidan ir allí si lo deseo.

—377 te diría que hay muros —comentó Tyler con mala cara.

El úrsido resopló:

—No soy idiota. Los humanos de Mercile querían hacernos daño. Vane es un buen macho, como los que estáis aquí, pero nada me asegura que el resto de los vuestros también sean de fiar. Si él ha puesto muros es porque no todo el mundo es bueno y le estoy agradecido por su protección —dicho esto, apretó los puños—. No me gusta que, con todo lo que ha hecho por nosotros, tenga que seguir cuidándonos. Sé que Night y otros como Justice y Breeze están trabajando mucho para poder aprender rápido y echar una mano. Yo también quiero formar parte de eso. Pero le prometí a 396 que no lo dejaría solo.

Trust le sonrió con simpatía.

—Habéis estado juntos desde muy jóvenes, ¿verdad?

—Ni siquiera recuerdo cómo nos conocimos —sonrió 305—, solo sé que siempre estuvo conmigo, hasta que nos separaron para el aislamiento.

—Has dicho que los demás pensaban que estaba roto —dijo el canino—, ¿fue por eso? ¿Le costó más que a los demás ver el engaño?

La sonrisa del úrsido murió. La tristeza surcó sus ojos.

—No. 396 tampoco se dejó engañar, pero ya no confiaba en nadie. Los médicos dijeron que se había vuelto salvaje. Lo usaron como castigo para los demás.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Trust con un escalofrío.

305 lo miró con un deje horrorizado.

—Los úrsidos que rompían las reglas acababan en su jaula. Y él los mataba, sin drogas y sin necesidad de que los médicos lo obligaran. Todo aquel que entraba, moría. Incluso las hembras. Para él, todos eran enemigos.

Trust entrecerró los ojos.

—Sí que suena a mente rota.

305 sacudió la cabeza.

—No, porque me reconoció. Le costó un poco, pero volvió a confiar en mí y dejó de matar a nuestra gente. Pero los míos todavía lo temen y le guardan rencor por haber asesinado a los machos que trataron de hacerle abrir los ojos y a las hembras. No entienden cómo pudo hacerles daño de esa manera —dicho esto, los miró a cada uno con decisión—. No es un mal macho. Estuvo solo durante mucho más tiempo y le hicieron daño, no sabía en quién podía confiar.

—Tiene sentido —comentó Tyler de repente.

El canino, al ver la tristeza en sus rasgos, se acercó a él y le rodeó la cintura con un brazo.

—¿El qué?

—Los salvajes son como llamábamos a aquellos de vosotros con rasgos más animales. Eran más fuertes, pero incontrolables. Los experimentos más duros se usaron en ellos. Probablemente, Mercile se dio cuenta de que 396 no obedecería como el resto y pasaron a hacerle pruebas sin más. No me sorprende que se volviera así.

305 se levantó de un salto.

—No es malo —repitió con los puños apretados—, no hará daño a nadie cuando despierte.

Tyler alzó una mano.

—Te creo. Solo digo que, estando tanto tiempo solo, sin depender de nadie más que de sí mismo… Es normal que no confiara en nadie.

Trust le frotó la espalda mientras le lanzaba una mirada inquieta al úrsido.

—¿Crees que los tuyos lo aceptarán cuando despierte?

Este hizo una mueca.

—No creo que a 396 le importe eso. Incluso después de confiar en mí, no mostró mucho interés en los demás. Simplemente, hará lo que quiera hacer y se irá tranquilo siempre que nadie le toque las narices —dicho esto, se apresuró en añadir—, pero no hará daño a nadie, tenéis mi palabra. A pesar de lo que digan los demás, no le gusta pelear. Solo siguió haciéndolo porque enviaban machos drogados a sus pruebas y tenía que defenderse.

Tyler asintió y le sonrió con simpatía.

—Tú lo conoces mejor que nadie, confío en tu palabra.

305 relajó los hombros, aunque había cierta molestia en sus rasgos.

—En cuanto despierte, los míos tendrán que admitir que estáis de nuestra parte, igual que 377 y los felinos que se fueron con él.

Eso esperaba Tyler. No sabía qué más podrían hacer si eso fallaba también. No estaba seguro de qué otras demostraciones necesitaban para que confiaran en ellos; salir fuera de los muros estaba descartado, sería demasiado peligroso, como había observado 305. Además, Mercile seguía ahí fuera…

—Lo harán —dijo Trust de repente, apretando la cintura de Tyler contra sí—. Vane dijo que podían estar enfadados porque creen que están siendo engañados, pero no lo suficiente como para cegarlos. Dijo que el plan de 377 era demasiado elaborado para eso.

305 asintió, sin embargo, fue Baird quien sorprendió a todos diciendo:

—Entonces, esperemos que su próximo plan no lo sea lo suficiente como para que alguien acabe herido. Ayer solo hubo golpes leves, pero las cosas podrían ir a peor —comentó con cierta tristeza en la voz.

El úrsido se acercó a él y le apretó el hombro.

—Pero 396 despertará pronto. No tendrán tiempo.

—Y, aun así, Vane está preparado —dijo Trust con una confianza que hizo que Tyler sonriera—. Él es inteligente, sabe lo que hay que hacer. No permitirá que pase nada.

Tyler asintió, aunque una parte de él estaba inquieta. No negaría que Vane había superado todas y cada una de sus expectativas con creces y no dudaba de que sería capaz de reaccionar con rapidez y lógica ante cualquier cosa que hiciera 377. El problema era si podían anticiparse a su próximo plan. A sus ojos, el felino era imprevisible. No sabía qué haría, pero estaba seguro de que no se quedaría de brazos cruzados y que estaba dispuesto a hacer daño.

Baird tenía motivos para estar preocupado. ¿Y si la próxima vez alguien resultaba herido de gravedad?

Unos toques en la puerta los interrumpieron. Tyler alzó una ceja al ver a Ethan asomándose por la puerta.

—¿Interrumpo?

—Siempre eres bienvenido, jefe —dijo Baird con ojos brillantes.

Ethan entró en la habitación poniendo los ojos en blanco.

—Eso no está decidido todavía.

—Lo que tú digas, jefe —se rio el pelirrojo por lo bajo.

El otro resopló, pero no tardó en acercarse a 396. Su rostro se transformó con una expresión triste.

—¿Cómo está?

—Responde bien por el momento —dijo Tyler rascándose la nuca—. Hoy le he puesto la mitad. Veremos cómo reacciona mañana.

Ethan asintió.

—Eso es buena señal, ¿necesitas más personal para él, Baird?

El doctor le lanzó una mirada cálida a 305.

—¿Bromeas? Tengo el mejor ayudante del mundo.

El úrsido esbozó una sonrisa satisfecha. Ethan levantó las manos en respuesta.

—Tú mandas, jefe de urgencias.

—¿Qué? —preguntó Baird mirándolo con cara de pánico.

—Por cierto, ya que estoy aquí, aprovecho para daros esto —Ethan se desentendió con rapidez del tema y les entregó a Trust y 305 unos papeles—. Son los resultados de vuestros últimos análisis. Enhorabuena, Trust, estás oficialmente recuperado.

Los ojos del canino brillaron.

—¿Mis números ya están bien?

—Todo correcto. Despídete de todas las analíticas, ya no tendré que hacerte más a menos que un día te encuentres realmente mal.

—¿Qué dicen los míos? —preguntó 305 con el ceño fruncido, enseñándoselos a Baird.

—Necesitas hacer un poco de ejercicio —le respondió Ethan con amabilidad—. Sé que estás cuidando a tu amigo y no vamos a disuadirte de no hacerlo, pero a tu cuerpo le vendría muy bien que te movieras un poco más.

Antes de que el úrsido pudiera replicar, Baird puso una mano en su brazo.

—Seguro que Richard puede preparar una rutina que pueda hacer aquí —dicho esto, miró al hombre oso—. No será tan divertido como los partidos de Zane, pero así podrás estar cerca de 396.

Al escuchar eso, 305 sonrió.

—Me gustaría eso.

—Yo se lo puedo pedir a Rick —se ofreció Tyler—. Iremos más tarde al gimnasio y yo paso las mañanas por aquí.

Al úrsido se le iluminaron los ojos mientras que Ethan asintió.

—Que 305 te dé los papeles y Richard lea mis recomendaciones, sabrá qué hacer.

—De acuerdo… Ah, por cierto, quería preguntarte si Trust podría hacer deporte de contacto.

Tanto el canino como el úrsido lo miraron extrañados. Baird elevó las cejas y Ethan frunció el ceño.

—Pues… sí, no habría problema, pero pensaba que Vane quería dejarlo para más adelante.

—Es solo para Trust. Le prometí cuando se mudó conmigo que le enseñaría un día.

 

 

Trust estaba un poco sobreexcitado mientras seguía a Tyler hasta el gimnasio. Los dos sujetaban cajas que contenían paos y protecciones para hacer un deporte llamado artes marciales mixtas, era lo que su compañero había aprendido para pelear y tenía mucha curiosidad por verlo, al fin y al cabo, fue capaz de defenderse de 363 pese a la diferencia de fuerza y tamaño, y sin usar armas.

En el camino, reconoció a Slade, Tiger y Justice, que acompañaban a los felinos que se separaron el día anterior de 377. Sonrió al ver que hablaban animados y con los ojos relucientes de curiosidad; probablemente habían asistido a sus primeras clases y tenían muchas preguntas, pero debía de haberles gustado lo suficiente como para ir con el resto al gimnasio.

—¡Ey! ¿Qué es eso que lleváis ahí? —preguntó Tiger al verlos.

Se acercó junto a Justice y Slade. Los otros felinos fueron más despacio, mirando a Tyler de reojo. Todavía no acababan de estar cómodos con la presencia de los humanos, pero Trust podía entenderlo. A muchos de los suyos les costó acercarse al principio, pero, con unos pocos días, se darían cuenta de que no les harían daño. El único de ellos que no parecía tener tanto recelo era 363, que le dedicó una ligera inclinación de cabeza a Tyler.

Curioso. Podía no estar totalmente convencido de la bondad de estos seres humanos, pero a su macho lo respetaba lo suficiente como para reconocer su existencia. ¿Fue porque no lo golpeó cuando tuvo la oportunidad?

—Los análisis de Trust están bien —le respondió Tyler a sus curiosos amigos—, así que voy a enseñarle una cosa.

—Me prometió que me mostraría un deporte que practica —dijo con una amplia sonrisa—. Aprenderé a pelear.

—¿Qué? —exclamó Tiger con los ojos como platos—. ¡Yo también quiero!

363 ladeó la cabeza, mirando al humano con curiosidad.

—¿Te refieres a defenderse como hizo ayer conmigo?

—Sí, pero vuestros cuerpos tienen que recuperarse primero.

—¿Qué quieres decir? —preguntó uno de sus amigos, el pelirrojo, cuyo número era 334.

Trust hizo una mueca interna ante la pregunta. Para hacer los análisis, tenían que sacarles sangre y, a veces, pedían muestras de orina o de saliva. Las dos últimas no eran dolorosas, pero sabía que el hecho de pincharles con una aguja no les haría gracia, les recordaría demasiado a las pruebas.

Por suerte, Justice respondió con un tono tranquilizador.

—¿Recordáis a los humanos que nos examinaron cuando nos liberaron? Se hacen llamar médicos, pero no tienen nada que ver con los que había en la instalación. Su trabajo es asegurarse de que estamos bien de salud y, para eso, toman muestras… —Al ver la expresión de horror de los felinos, Justice continuó con una sonrisa—. No es obligatorio. Os tomaron muestras cuando llegasteis aquí porque todos estábamos muy débiles, pero no os las han exigido desde entonces, ¿verdad? Muchos caninos se las hicieron después de Night, pero muchos felinos lo hicimos más tarde.

—No fue gran cosa —sonrió Tiger con los brazos cruzados—. No nos ponen restricciones y son mucho más cuidadosos de lo que lo eran los técnicos. Yo ni noté el pinchazo.

—Yo tampoco —comentó Slade encogiéndose de hombros.

Tyler intervino en ese momento:

—Vuestros cuerpos son más resistentes y toleran mejor el dolor. La toma de muestras no deberíais ni sentirlas siquiera —suspiró—. Pero la mayoría de los técnicos eran crueles o estaban demasiado asustados para ser amables.

Trust detectó cierto interés en los felinos, en especial en 334 y el otro amigo de 363, un macho de pelo gris rojizo que tenía por número el 332.

—¿Por qué estabas tú allí?

La pregunta de 363 fue más directa que acusadora. Para el canino, también tenía sentido. Tyler había sido técnico durante mucho tiempo, pero de repente les echaba una mano. Él había tenido más contacto al ser su cuidador asignado y, además, lo había salvado de Thorton. Había sabido que sus intenciones eran buenas a pesar de las apariencias, igual que ocurría con Ellie. Sin embargo, el resto no tenía por qué saberlo.

Tyler respondió con honestidad, a pesar del ligero olor amargo que desprendió. Todos se dieron cuenta de su dolor.

—El hombre que dirigía la instalación mató a mi padre.

Su respuesta sorprendió a todos. Hasta Justice, Tiger y Slade se tensaron.

—Mierda, no sabía nada —dijo el canino mirando a Trust.

Este bajó los ojos y sostuvo la caja con una mano mientras rodeaba la cintura de su compañero con la otra. Tyler se apoyó en él, permitiendo que lo consolara en silencio.

—Lo siento mucho, Tyler —dijo Justice con sinceridad, llevándose una mano al pecho—. Nosotros no recordamos a los nuestros, y aquellos que nos cuidaron de niños nos traicionaron al final. Pero sabemos lo que es una familia. Lamento tu pérdida.

—¿Mercile mató a otro humano? —farfulló 332.

—¿Por qué hicieron eso? —preguntó 363, igual de confundido.

Tyler abrió la boca para responderle, pero la cerró de golpe y frunció el ceño antes de mirar a Justice.

—Ellos no sabrán lo que es la policía. Pero, en resumen, mi padre era uno y os estaba buscando.

Los tres se quedaron con la boca abierta. Justice fue el primero en comprender lo que implicaba.

—Hijos de puta…

—¿Qué? ¿Qué es eso? —preguntó ahora 334 impaciente.

En ese momento, Rick apareció con paso enérgico y sonrió al verlos a todos juntos.

—¡Pero si son las caras nuevas! Me alegro de que hayáis venido, admito que acabaréis cansados y que no soy tan gracioso como Zane, pero será una nueva experiencia y vuestros músculos lo agradecerán.

—¡Rick, espera! —lo llamó Tyler antes de que pasara de largo—. Tengo un recado para ti.

Intercambió una mirada con Trust, que asintió antes de que su compañero dejara la caja en el suelo y se reuniera con Rick para explicarle los resultados de 305.

El canino, por otro lado, se reunió con la mirada angustiada de Justice.

—Explícales lo que es la policía y lo que significaba que mataran a su padre.

—¿Quién fue? —gruñó Slade. Él también lo había entendido.

—Polanitis —suspiró.

Slade abrió los ojos como platos, mientras que Justice y Tiger fruncieron el ceño.

—Pero estuvo mucho tiempo en la instalación y nunca actuó contra él.

—Tyler estaba dispuesto a matarlo —dijo con tristeza—, pero no sabía que estábamos nosotros allí. Tenía miedo de que nos cambiaran de lugar y que no pudiera encontrarnos. Sacarnos de allí ya era bastante complicado sin necesidad de rastrearnos.

Tiger sacudió la cabeza.

—Pobre humano. Tuvo que ocultarlo durante tanto tiempo…

363 avanzó un paso con cara de pocos amigos, pero Trust lo detuvo con un gesto. El felino relajó los hombros y retrocedió.

—Justice, explícales esta historia a nuestros nuevos amigos para que entiendan a lo que renunció Tyler por nosotros.

El felino asintió con solemnidad y Trust recogió las cajas, poniendo una sobre la otra, antes de ir con su macho. Para cuando se reunió con ellos, Rick había tomado los análisis de 305 y le estaba diciendo a Tyler que se los devolvería con la rutina cuando acabara la sesión de gimnasio.

Después de eso, su pareja lo llevó a una sala contigua a la de las máquinas en la que el otro macho entrenaba a su gente. Lo primero que llamó su atención fue el suelo.

—¡Es blando! —exclamó alegre mientras daba saltitos.

Tyler le sonrió mientras abría las cajas y preparaba el material.

—Es para no hacernos daño durante las caídas.

Trust se agazapó para tocarlo con las manos. Estaba frío y tenía una textura similar al plástico. No le gustaba demasiado, pero apreciaba que sirviera para evitar el dolor. Para comprobarlo, se lanzó al suelo, rodó y volvió a levantarse agazapado.

Sonrió. Era mucho mejor que el suelo de su celda, sin duda.

—¿Tiene tu aprobación? —rio Tyler.

—Prefiero la nieve, pero parece divertido.

—Ahora lo comprobarás. Ven.

Trust se puso en pie de un salto y se acercó a Tyler, emocionado. Llevaba unos pantalones ajustados bajo otros más cortos y se había quitado la sudadera, dejando a la vista una camiseta fina de manga larga negra.

Parpadeó sorprendido. Tyler siempre le había parecido un macho delgado y no muy fuerte, pero ahora se daba cuenta de que su ropa habitual engañaba. No era robusto como los de su especie, sin embargo, tenía músculos fibrosos, notó enseguida que sus piernas eran fuertes y la tensión de sus hombros y brazos revelaron una fuerza oculta tras su pequeña figura.

Gruñó encantado y flexionó los músculos por instinto en respuesta. Tyler ladeó la cabeza, sonriendo.

—Pareces muy emocionado.

—Lo estoy —dijo con un gruñido suave.

Tyler levantó una ceja y, con los labios todavía curvados hacia arriba, adelantó un pie y subió los puños hasta cubrir la mitad de su rostro.

—Ven, te enseñaré.

Trust trotó hacia él y permitió que le explicara lo más básico mientras le enseñaba a ponerse en guardia. Le habló de los deportes de contacto y cómo las artes marciales mixtas era una combinación de todos ellos. Prácticamente se permitía todo: puños, piernas, agarres y técnicas de luxación y estrangulamiento, por eso decía que era el deporte que más se parecía a una pelea real, así que muchas personas que se dedicaban a la seguridad lo practicaban.

Sin embargo, no eran los únicos. A muchos les gustaba su alta exigencia física o el reto que representaba: moverse, pensar el siguiente movimiento, vigilar al rival. Todo al mismo tiempo. Tyler le contó que era muy satisfactorio cuando lograbas hacer las tres cosas de forma mecánica, cuando acostumbrabas a tu cuerpo y a tu mente a reaccionar con rapidez, aunque solo fuera para esquivar los golpes.

Aun así, lo mejor para él, fue comprobar que una pelea no tenía por qué decidirla el más grande o fuerte, sino el que tenía mejor técnica.

Se sorprendió cuando Tyler le mostró la diferencia entre dar un puñetazo sin más y hacerlo bien. El sonido que hizo el saco cuando golpeó hizo que Trust se sobresaltara.

—¿Lo ves? —dijo con una sonrisa—. Cuando se habla de técnica, se trata de dar un golpe de la forma más eficiente posible, aprovechando la fuerza de todo el cuerpo. Incluso alguien como yo puede hacer frente a uno de los tuyos.

—¿Crees que podrías ganar a un úrsido? —preguntó, un poco impresionado. Que hubiera logrado tumbar a un felino ya lo tomó por sorpresa, pero un úrsido sería sin duda increíble.

Tyler frunció el ceño.

—Tal vez, pero no me confiaría demasiado. ¿Recuerdas la charla explicativa que hizo Vane acerca de por qué os crearon?

Trust asintió. Los primeros días que estuvieron en el hotel, Night y su compañero se dedicaron a explicarles a su gente, reunida en la sala de conferencias, quiénes eran Mercile y el doctor Therian y por qué habían pasado por tanto sufrimiento.

—Dijo que querían usarnos como armas de combate.

—Por eso estáis mezclados con animales, para que vuestra base física sea superior a la de un ser humano. Probablemente seáis más rápidos y fuertes que cualquiera de los militares que hay aquí, lo único que nos diferencia es la técnica y la experiencia. —Esbozó una media sonrisa—. Yo tengo técnica, pero debo ir con cuidado con vosotros. No creo que pueda ganar a ninguno de vosotros con puñetazos o patadas, incluso si sé dar mejores golpes, uno de los vuestros puede partirme los huesos con facilidad. Mi mejor opción es llevar la pelea al suelo.

Trust trató de imaginar una pelea así y arrugó la nariz.

—No me gusta la idea de pelear en el suelo. Me cuesta moverme.

—Esa sería tu mejor oportunidad para enfrentarte a un úrsido —dicho esto, su sonrisa se ensanchó—. Aunque eres un canino, eres más fuerte que un humano. Con la técnica y experiencia adecuadas, tendrías posibilidades de derrotar a uno solo con golpeo.

La idea de poder hacer frente a los más fuertes de su especie no le disgustaba, sobre todo ahora, en la situación en la que estaban. Aun así, le costaba imaginar la pelea desde el suelo. Los guardias siempre habían sometido a su gente con pistolas eléctricas y drogas, y las pocas veces que luchó con otros machos estaba demasiado aturdido como para recordar nada con claridad.

—¿Cómo sería una pelea en el suelo?

Tyler le sonrió.

—¿Quieres una demostración?

Trust alzó las cejas, pero sintió un cosquilleo en la nuca.

—¿Vas a intentar tumbarme?

Su macho se puso en guardia y él respondió agazapándose. Tyler acababa de enseñarle a estar en guardia, pero aún no estaba acostumbrado a la postura y tenía curiosidad por ver cómo había luchado contra 363.

Trust se movió primero y sin previo aviso. Se abalanzó sobre él… y Tyler desapareció. Fue tan de repente que lo desorientó por un instante antes de que algo golpeara su rodilla izquierda con tal fuerza que habría caído al suelo si no fuera por sus reflejos, que le permitieron colocarse a cuatro patas. Su oído y su visión periférica le avisaron de que tenía a Tyler a su izquierda y de que seguía en movimiento, saltó hacia un lado a tiempo de evitar que lo agarrara por la espalda y se mantuvo agazapado. Su compañero tenía los labios curvados hacia arriba.

—¿Ves? Reflejos superiores. Incluso con mi técnica, eres un rival duro. El físico también importa.

Trust le devolvió la sonrisa.

—Aun así, no he visto venir esa patada.

—Esa era la idea —comentó Tyler con diversión antes de lanzarse sobre él.

El canino bloqueó su puño usando la guardia que acababa de aprender, lo que le produjo una oleada de orgullo. Pero no duró mucho, Tyler dio un paso a la derecha y lo golpeó en las costillas. No fue lo bastante fuerte como para hacerle caer de rodillas, menos con los guantes puestos, aunque se dio cuenta de inmediato de que podría haberlo hecho de haber estado peleando en serio. Habría estado impresionado de no ser porque le faltó el aire y, pese a que se recompuso rápido, Tyler ya había enganchado su pierna con la suya y lo había hecho caer al suelo.

Esta vez, no pudo reaccionar a tiempo y se dio de bruces en un costado.

Y, entonces, Tyler estuvo encima. Sus rodillas lo comprimieron todo lo posible y empezó a darle puñetazos rápidos en la cara. No eran muy dolorosos, pero sí molestos y trató de cubrirse como acto reflejo.

El resto fue tan rápido que no llegó a entender cómo pasó. Tyler cogió su brazo izquierdo por debajo del codo y, de algún modo, lo puso sobre su propia yugular, bloqueando su cabeza con el otro brazo y manteniendo el agarre de su mano. Luego, saltó de encima suya para acabar a su lado, pero, aun así, Trust no podía moverse. Tyler había cerrado su brazo sobre su garganta y ejercía una mínima presión, una advertencia.

Supo que podría dejarlo inconsciente en cuestión de segundos.

Con una sonrisa, dijo:

—Me has ganado.

Su compañero lo soltó con cuidado y se sentó con las piernas cruzadas, devolviéndole el gesto con una risilla.

—¿Qué te ha parecido?

—Eres impresionante.

—Gracias.

—¿Me enseñarás?

Tyler asintió.

—Si quieres, sí. Ha sido una pelea corta en el suelo porque no conoces técnicas ni formas de escapar de ellas, pero esta noche te enseñaré una de profesionales.

Emocionado, el canino se acercó hasta que sus rodillas casi se tocaron.

—¿Harás clases para mi gente? Creo que muchos querrían aprender. —Su sonrisa se ensanchó—. Tenías razón, es difícil, pero divertido.

Tyler se rascó la nuca.

—No lo creo. Cuando sepáis lo básico, daré dos clases y había pensado en crear un club de escalada.

Trust necesitó un momento para repasar mentalmente las palabras club y escalada. Si no recordaba mal, Missy les dijo que, más adelante, los humanos tenían pensado crear grupos para hacer actividades de ocio y que eran optativas. En cambio, escalada… Comprendía el verbo y había visto a los felinos hacerlo, pero creía que se refería a otra cosa.

—¿Es un deporte? —trató de adivinar.

—Sí, consiste en subir paredes, principalmente. Llevo practicándolo desde niño, así que os puedo ayudar más en eso que en artes marciales. Estoy seguro de que Vane o cualquiera de sus hombres puede daros mejores clases que yo.

Trust ladeó la cabeza y preguntó:

—¿Por qué escogiste escalada como deporte?

Tyler esbozó una pequeña sonrisa.

—Mi madre era alpinista. Se dedicaba a escalar montañas. Fue la mejor del mundo durante mucho tiempo. —Se le escapó una risita—. Tendrías que haberla visto, subía por paredes de piedra como un gato. Habrías jurado que era una felina.

—¿De verdad? —No pudo evitar abrir los ojos, sorprendido.

—Sí —rio antes de que se le iluminara la mirada—. De hecho, ¡puedo enseñártelo! Todavía hay unos pocos vídeos de ella. Espera.

Trust se relajó al ver que hoy no parecía triste por hablar de ella. La última vez, parecía dolido y sin muchas ganas de hablar de ella.

Entonces, escuchó unas pisadas que iban hacia ellos y se giró a tiempo de ver a Slade seguido por 363 y los nuevos felinos.

—¿Interrumpimos?

—No, hemos acabado.

—Genial, ¿os importa llevar a los nuevos al partido de Zane? Justice, Tiger y yo vamos a repasar unas tareas antes de la cena.

Trust frunció el ceño.

—No, pero ¿seguro que quieres que nos encarguemos nosotros?

—Esto trata de confiar en los humanos, ¿no? —dijo 363, entrando en la estancia—. No podemos hacerlo si no pasamos tiempo con ellos.

El resto de felinos también se acercaron, aunque con más timidez. Trust miró a Tyler, pero este sonrió.

—Por mí no hay problema.

—¡Genial! —dijo Slade alegremente—. Entonces, nos vemos luego —y salió corriendo antes de que pudiera decir nada.

Fue un poco raro, pero se encogió de hombros. Tal vez había quedado con Trisha y quería terminar sus tareas lo antes posible.

—¿Qué estabais haciendo? —preguntó 334 sentándose a su lado.

Trust sonrió.

—Tyler dice que su madre es felina.

363 y los otros felinos se quedaron con la boca abierta, pero fue 332 el que miró al humano con unos enormes ojos azules.

—¿Entonces eres medio felino? ¡No tienes ninguno de nuestros rasgos!

—¡Trust! No he dicho eso.

—Era una broma —rio él—, pero afirma que pensaríamos que lo era.

—¿Por qué? ¿Ella sí tiene rasgos aunque sea humana?

Entre una pregunta y otra, al final, todos los felinos se juntaron alrededor de Tyler para enseñarles el vídeo de su madre. Trust tuvo que admitir que verla subiendo por una pared rocosa bastante vertical con la misma facilidad con la que los felinos trepaban a los árboles era muy impresionante y, sí, 334 preguntó si seguro que era humana y no una de ellos que escapó hace tiempo, provocándole una carcajada.

Cuando pidieron verla de cerca y Tyler les enseñó una foto, pudo ver claramente el parecido en la forma de su rostro, los pómulos y la nariz, incluso tenía sus ojos y hasta su figura pequeña pero atlética y fibrosa. Era una hembra fuerte pese a ser humana, saltaba a la vista. Sin embargo, había heredado el cabello de su padre, sin duda. La hembra lo tenía muy claro, casi blanco, y era abundante y muy liso.

El padre de Tyler, en cambio, tenía intenso pelo negro y más rizado. Era un hombre grande, con una poderosa espalda que se estrechaba en la cintura. Pese a que tenía una sonrisa tan alegre como la de Zane que suavizaba sus rasgos, sus facciones eran duras y curtidas.

La curiosa combinación de ambos en Tyler le habría hecho sonreír si no fuera por una extraña sensación que no sabía definir. Podía reconocer el parecido de cada uno en su compañero, pero, por algún motivo… Le eran familiares, como si los hubiera visto en otra parte. Y eso no era posible.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Capítulo 40. Tormenta de llamas

Capítulo 41. Una ofrenda para los dioses

Mi lobo